Carlos Luna: Un artista en quien convergen los caminos
Por Curtis L. Carter
Milwaukee, WI. 1 de Julio, 2008

¿Quién es el artista Carlos Luna? Carlos Luna diría que es un artista cubano, y esto es cierto en el sentido de que nació en la isla en 1969, en el centro tabacalero de Pinar del Río. Él recuerda haber hecho un retrato de su madre cuando tenía 7 años y que su interés en la pintura se avivó aún más a los 9, cuando una tía suya le pidió que le pintara un volcán; pero su adiestramiento artístico formal tuvo lugar en las escuelas de arte de Cuba. Luego de tres años de estudios elementales en la Escuela Provincial de Artes Plásticas en Pinar del Río, de 1980 a 1983, continuó su formación entre 1980 y 1991 en la Academia de San Alejandro, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en el Instituto Superior de Arte en La Habana. Su primer reconocimiento como artista de talento también tuvo lugar en Cuba, donde le otorgaron premios y donde participó en exposiciones individuales y colectivas entre 1984 y 1991.

 

¿Qué significa ser un artista cubano en el siglo XXI? Significa en esencia participar del legado de una extensa historia cultural que se remonta por lo menos a la llegada de Cristóbal Colón en 1492. En algunos aspectos, Luna, junto con todos los artistas cubanos, es un producto de todas las diversas influencias que integran la herencia cultural cubana.

 

Cuba ha desempeñado un papel en la historia cultural y económica que excede a su tamaño geográfico. Esto se debe en parte a su riqueza de recursos naturales, incluido un clima tropical atractivo para turistas, y en parte debido a su estratégica situación en el Caribe no lejos de las costas de Estados Unidos. Como un primer productor de azúcar, café, níquel y tabaco, Cuba resultó atractiva para muchos empresarios coloniales españoles que, a su vez, contribuyeron a la diversa mezcla cultural al importar trabajadores de África y Asia. Entre los antepasados de Luna se cuentan españoles, chinos, japoneses y afrocubanos.

La historia cultural de Cuba se produce en un ambiente sociopolítico complejo que incorpora tradiciones de la cultura española dominante, y en menor medida restos de la casi extinta cultura india nativa, con influencias de africanos, asiáticos y otros que fueron traídos a la isla. La cultura divide la ciudad y el campo, cada uno con sus características particulares. En La Habana se desarrolló una forma singular de vida urbana con elegante arquitectura de estilo español y una mezcla peculiar de modos de vida locales e internacionales. En otras partes de la isla las plantaciones de azúcar y los centros productores de tabaco, tales como Pinar del Río, se desarrollaban como centros culturales alternos. Luna vivió en Pinar del Río, en “un apacible pueblo rural”, donde su familia trabajaba para la industria estatal del tabaco, hasta que Luna se fue a cursar sus estudios de arte en la Habana a los 14 años.

 

La cultura y la educación en Cuba han seguido desarrollándose en un altísimo nivel, a pesar de una historia política tumultuosa que incluye cuatro siglos de dominación colonial española. Esto comenzó con el descubrimiento de la isla por Colón en 1492, continuó con una serie de revoluciones que resultaron finalmente en la independencia en 1902, y culminó en un fermento político interno y en la revolución encabezada por Fidel Castro en 1959. Entre los más prominentes artistas cubanos se encuentran el poeta José Lezama Lima, el compositor Ernesto Lecuona, la bailarina de ballet Alicia Alonso y el pintor Wifredo Lam. Estos logros culturales reflejan en parte un programa de excelencia en la educación y la preparación de artistas de diferentes medios. El empeño ha mantenido un rendimiento notable entre los artistas de la isla y también ha producido un público educado que aprecia la producción creativa de aquéllos. La cultura popular cubana es igualmente rica por sus contribuciones a la música y a ritmos bailables tales como la rumba, el mambo y la salsa. Todos estos elementos contribuyen al ambiente externo que configura a un artista cubano contemporáneo. Como amante de la música y del baile que tienen un sustrato africano, y como tocador de bongó, Luna no es ajeno a este aspecto de la cultura cubana.

 

A esta mezcla cultural ya de suyo compleja, es necesario añadirle las influencias de la emigración artística que ha tenido lugar a lo largo del tiempo, especialmente desde la década de los '20 del pasado siglo, hasta el presente. La emigración de artistas cubanos hacia Europa y hacia diversos lugares del continente americano, tales como México y Estados Unidos, ha aportado otro nivel de influencia al desarrollo del arte y la cultura cubanos. Entre los más importantes artistas que emigraron se encuentra Wifredo Lam (1902-1982), quien llevó a Cuba de su experiencia europea las influencias del cubismo de Pablo Picasso y del surrealismo de André Breton. La amistad de Lam con Picasso en París durante los últimos años de la década del treinta reveló que los dos compartían un espíritu artístico común. A través de su asociación con Picasso, Lam adquirió un nuevo aprecio por la importancia de las esculturas y máscaras africanas para el arte moderno. Esta experiencia ayudó a prepararlo a incorporar a su obra éstos y otros elementos de la cultura africana ya presentes en su Cuba natal. [1] También tomó elementos estilísticos de Picasso pertenecientes a la representación geométrica de la figura humana. A través de Lam y otros artistas de la vanguardia cubana que habían pasado algún tiempo fuera de Cuba, especialmente en París, la influencia del cubismo y del surrealismo, con el énfasis de este último en el automatismo y la revelación del inconsciente a través de imágenes visuales y literarias, introdujo las nuevas corrientes artísticas de Europa en la comunidad artística cubana. Al mismo tiempo, el regreso de Lam a Cuba en los años cuarenta transformó su propio arte con la infusión de símbolos religiosos afrocubanos y el sabor de la flora del paisaje caribeño, para dejar una influencia permanente en el arte del país.

 

Al igual que otros artistas antes que él, Luna encontró necesario en 1991 abandonar su amada Cuba. Para él era la búsqueda de un ambiente que le proporcionara mayor libertad y más oportunidades de alcanzar sus objetivos como artista. Aunque bastante conocido en Cuba para fines de la década del ochenta, él tenía algunas ideas de hacer arte que no se ajustaban a las normas que sostenía el ambiente crítico y político cubano de ese momento.

 

Una semblanza de Carlos Luna como artista quedaría inconclusa sin tener en cuenta las experiencias que acumuló en el exilio, primero en Puebla, México, de 1991 a 2002, y desde 2003 en Miami. En México, como bien ha señalado Jesús Rosado[2], conoció a grandes maestros del muralismo y a otros artistas mexicanos como Rufino Tamayo, José Guadalupe Posada y Francisco Toledo. Luna mismo cita la importancia de Tamayo, especialmente por su capacidad de ser fiel a la tradición al tiempo que seguía siendo contemporáneo, y por su capacidad de defender con firmeza sus puntos de vista frente al desafío de tendencias alternativas en la práctica y la crítica del arte. [3]

 

Hay huellas aparentes del arte mexicano en la obra de Luna, entre ellas, por ejemplo, los grabados figurativos de Posada. La interpretación que hace Luna del guajiro, con sombrero, cigarro y bigote lo retrata como un hombre de sencillez y dignidad, un héroe de la vida cubana “apegada a la tierra”. Es un personaje que bien podría encontrarse entre los caracteres de las interpretaciones gráficas que hace Posada de la vida cotidiana en México. El guajiro aparece repetidas veces en la obra de Luna (él a veces se refiere a este personaje como su alter ego). O compare, por ejemplo, el hombre-gallo de Luna, montado en un caballo punzó en A la batalla, 1996, con un grabado de Posada del bandolero Parra a caballo y espada en mano en Al Malvadoignalio Parra [4]. Pero el tratamiento de tales imágenes en los cuadros de Luna es muy diferente. Los grabados planos y lineales de Posada tienen un sesgo de comentario realista didáctico-social, con referencias e interpretaciones que su público podría relacionar con sucesos actuales o pasados.

 

Este elemento de realismo social está ausente, en gran medida, de las imágenes de vívidos colores de Luna. En su lugar, los personajes de su iconografía son ficticios y juguetones engendrados por su imaginación, basados parcialmente tal vez en recuerdos personales de la infancia en Cuba así como en elementos de su vida actual. El Café Con Con de Luna, 2006, encuentra al guajiro sentado con una taza de café en la mano, y una mirada que se asemeja un poquito a un personaje de los cuadros de los años veinte de Fernand Léger. No hay duda de que está recordando con placer el lugar que tiene el café en la vida cubana. En este cuadro, el guajiro aparece sentado en medio de una mezcla caprichosa de objetos surreales que flotan sobre un fondo rojo —ojos sin cuerpo, genitales humanos, una herradura— que sugieren la fabricación del brebaje de un hechicero. Arriba y abajo en una franja rectangular negra aparecen las palabras CAFÉ LECHE. A la derecha hay tres variaciones de la cafetera, cada una suspendida en su propio cuadrado dorado y verde.

 

Desde que Luna se mudó a Miami en 2003, su carrera ha seguido expandiéndose con exposiciones a través del país. Su interés en pintores ajenos al ámbito latinoamericano ha continuado ampliéndose. Su curiosidad por enfoques alternativos a la pintura se extiende a las fuentes del pop inglés, tales como Peter Blake, el padre del pop británico, probablemente por sus cuadros coloridos y enérgicos que parecen collages. También cita a los artistas norteamericanos R. B. Kitaj, Philip Guston, Susan Rothenberg, Jean-Michel Basquiat y Jasper Johns por su vigoroso sentido de identidad y originalidad. Aunque Luna no menciona a Keith Haring, parecen haber elementos comunes en la obra de los dos pintores. Las telas de textura visual de Haring y el uso que hace de caracteres repetitivos y relatos eróticos constituyen aspectos paralelos del enfoque de Luna a la pintura [5]. Y Luna convendría con el punto de vista de Haring de que el arte es el producto del artista individual y es para todo el mundo. No depende de sus conexiones con un estilo o grupo en particular, ni con una comunidad artística elitista [6].

 

Es necesario, sin embargo, evitar analizar la obra de Luna en términos de posibles influencias de otros artistas y movimientos. Su objetivo es establecer en su obra una voz independiente que se distinga de las demás del mundo del arte contemporáneo. Más importante para entender a Luna que cualquier intento de fijar conexiones precisas con las prácticas de artistas mexicanos o norteamericanos es el hecho del exilio mismo. ¿Cuál es, por ejemplo, el efecto del exilio en la identidad del artista, y cómo afecta su obra? Aun el riesgo de perder la esencia de lo que significa ser un artista cubano no debe pasarse por alto. La respuesta de Luna a este asunto, correcta al parecer, es reconocer que él es cubano, pero también que ahora es norteamericano y ciudadano del mundo. El exilio también puede proporcionar una nueva perspectiva de las propias raíces, así como la oportunidad de expander la visión e influencia artísticas de uno a escala global. El problema que todos los artistas enfrentan en la actualidad, ya sea en cuba, la China o en cualquier parte, es cómo conectar de manera significativa lo que se ha aprendido de una cultura original a los vocabularios alternativos en la factura del arte que existen en un mundo global. A este respecto, el exilio de Luna ha ampliado sus oportunidades de exponerse a una audiencia mundial mayor y de que su obra sea juzgada en un escenario más grande del que podría haber tenido si no hubiera elegido salir de su país.

 

¿Cómo hemos de entender el arte de Carlos Luna? Volviendo ahora al arte de Luna, ¿cómo hemos de entender las contribuciones de este artista? Primero, su obra se basa en una sólida preparación clásica que obtuvo durante sus estudios en Cuba. Como resultado, su dominio del dibujo es excelente, y él sabe muy bien cómo usar los elementos formales de color, línea y volumen. Sus observaciones de las pinturas de los antiguos maestros —su abuela tenía una colección de reproducciones de obras de Matthias Grünewald, Andrea Mantegna, Diego Velázquez —le brindan sus primeras experiencias con la historia del arte, junto con el manuscrito iluminado del monje medieval español Beatus de Liébana [7]. Los estudios formales y especialmente las observaciones directas de obras de maestros cubanos tales como La silla de Wifredo Lam, 1943, en el Museo nacional de Bellas Artes en La Habana, tuvieron un profundo efecto en su comprensión de la estética.

 

La manera que tiene Luna de hacer un cuadro consiste en trabajar con mucho cuidado para garantizar que la pintura resulte un artefacto material bien hecho, así como una expresión articulada de sus ideas. Él disfruta el proceso de trabajar con óleo. “Pintar es como una mujer que te enseñará el cuerpo si tú le ofreces tu alma”, dice el artista. En lo concerniente al proceso de pintar al óleo exige trabajar lentamente para ir creando múltiples capas luego de que él personalmente prepara la tela con diferentes tonos de yeso de París, algunos hechos a mano, otros comprados. El proceso de composición empieza con bocetos preliminares a fin de definir las ideas que han de ser ejecutadas en el cuadro. Un dibujo al creyón sobre una base de almagre crea el fundamento estructural de la pintura. La superficie del lienzo va adquiriendo solidez según se le aplican capas de color por etapas, una nueva capa cuando la anterior ya se ha secado.

 

Estos intereses particulares en los procesos clásicos de producción son un indicio de la preocupación fundamental de Luna con la pintura como algo distinto de otras maneras contemporáneas de hacer arte, tales como la instalación, la representación (el performance), el vídeo o la fotografía (al igual que Picasso, él también ha experimentado con el grabado y la cerámica). Respecto a la fotografía, Luna la disfruta y la respeta, especialmente en las manos de un gran maestro de la talla de Edward Weston. Sin embargo, a diferencia de algunos pintores actuales, Luna no usa fotografías en la creación de sus cuadros. Tal vez su insistencia en labrarse una carrera como pintor, en lugar de seguir los caminos que la crítica ha puesto tan en boga de la instalación, el performance o las artes mediáticas, fue un factor en su decisión de abandonar la escena artística de Cuba a principios de los años noventa. Su objetivo era fundamentar su arte en medios tradicionales pero con una voz contemporánea. De ahí su compromiso con la pintura.

 

Aunque él está receptivo y atento a nuevos descubrimiento e innovaciones en su aproximación al arte, la obra de Luna no puede considerarse de vanguardia en el contexto del arte contemporáneo. El encuentra la vanguardia actual más vinculada con la moda, el mercado y el éxito. La vanguardia de principios del siglo XX es más interesante porque era más auténtica.

 

Esto nos lleva a una pregunta de estética con respecto al arte de Luna. Como artista con un entrenamiento clásico, Luna crea cuadros que pertenecen a la tradición de las bellas artes. Este hecho lo separa de los artistas autodidactas o improvisados. También lo sitúa fuera del dominio de las artes populares; aunque él podría recurrir a esas mismas fuentes, entre otras muchas, en busca de los materiales que usa para construir sus imágenes. Los elementos ocasionales de la cultura popular occidental y del arte pop también le interesan a Luna. De manera análoga, es posible concebir cada cuadro como el único marco de una tira cómica o de una serie de dibujos animados. De un cuadro a otro los personajes de Luna siguen siendo los mismos, aunque la narrativa cambie. Reaparecen, más o menos al azar, en una serie de obras como en sucesivas tiras cómicas. Sin embargo, cada cuadro constituye una unidad en sí mismo y se sostiene como una obra independiente.

 

Luna convendría con el filósofo John Dewey en que la tarea del artista consiste en cerciorarse de establecer y conservar la continuidad entre las “refinadas e intensificadas formas de la experiencia que son obras de arte y los acontecimientos, hechos y sufrimientos cotidianos que universalmente se reconoce que constituyen la experiencia” [8]. Las ideas de Dewey respecto al arte y a la experiencia cotidiana parecen avenirse bien al enfoque que tiene Luna de la pintura. Sus cuadros son esencialmente relatos históricos, en parte autobiográficos, presentados en forma visual. Los relatos provienen de las experiencias diarias reconstruidas en la imaginación valiéndose de la iconografía de las experiencias personales y culturales del artista. Las narrativas visuales en los cuadros invitan al espectador a vincularse con ellos y a sentir el auténtico poder emocional de los relatos. Esto significa que un cuadro comienza a vivir para el espectador cuando éste mira atentamente la obra, dando lugar a que despierte su interés y su disfrute. La iconografía y los relatos que se cuentan en los cuadros de Luna son a un tiempo incidentes particulares y temas universales. Traen a la conciencia las experiencias ordinarias de la vida: pasión violencia, ambición, conflicto, humor, ironía y sensualidad.

 

Cuando se ve desde la perspectiva de su cultura de origen en Cuba, el arte de Luna abarca también la estética a la que se adhiriera el novelista y ensayista cubano Alejo Carpentier, quien introdujo el concepto de lo real maravilloso americano [9]. Carpentier introduce lo maravilloso como una alternativa al surrealismo, donde los sueños y el inconsciente son la fuente principal de las imágenes del artista. Él describe lo maravilloso como un concepto vital que abarca la historia, el ambiente natural y la cultura —incluidos los rituales y danzas indios y afrocubanos y otros aspectos de la cultura latinoamericana. Las realidades naturales de tiempo y lugar, con sus improbables yuxtaposiciones que existen debido a la historia, la geografía y la política particulares de América Latina, brindan las fuentes para sus artistas. La estética de lo maravilloso de Carpentier ayuda a situar los cuadros de Luna en el contexto del arte latinoamericano.

 

El resultado son cuadros que funcionan como narrativas visuales. Los relatos en los cuadros de Luna existen en un mundo visual que consiste tanto de representación como de abstracción. Los colores brillantes son un componente importante de sus estructuras visuales, en los que el artista con frecuencia favorece los rojos, los azules y los dorados, pero en los que también incorpora tonos de negro y de marrón. Formas vigorosamente lineales, a veces cubistas, a veces como formas orgánicas de flores o tallos y hojas de plantas, contienen la enérgica elección de los colores. Como si los inspiraran ritmos musicales, los colores y las formas bailan a través de la tela con la energía de las fuerzas naturales vivas. Los escenarios de las acciones narrativas en los cuadros, ya sean teatrales o de cualquier otra índole, incluyen una rica tapicería de elementos gráficos extraídos de muchas culturas.

 

Con frecuencia las narrativas se concentran en una serie de personajes: figuras machistas tales como el hombre-gallo y el guajiro reflejan sinceramente la conciencia del artista de su crianza en una sociedad donde imperaba el machismo. Al mismo tiempo, su profundo respeto por la dignidad y el poder de lo femenino se muestra en el elegante y hermoso personaje de la “pretty lady” -la bella dama- que se dice inspirado en Claudia, su mujer. Figuras de animales simbólicos, tales como el toro negro, el caballo y el caimán, cuya forma gráfica puede referirse a Cuba, ayudan a poblar las narrativas de Luna. El gallo como un símbolo del machismo está profundamente arraigado en la cultura cubana y recuerda la experiencia de Luna en su adolescencia como partícipe de la cultura popular de las peleas de gallo. (Picasso también usa la imagen del gallo en su cuadro Le Coq de la Liberation, 1944) [10].

 

Aunque gran parte del arte de Luna es una jubilosa celebración de la vida permeada de sutil humor, él no elude su lado más oscuro. La interacción entre sus personajes en los cuadros muestran una variedad de expresiones desde el deseo erótico (Formación de ataque, 2004) hasta un juego de mesa (Damas chinas, 2007). La marcada presencia de pistolas y cuchillos en las imágenes apunta hacia juegos de otra clase: repercute en ellos la amenaza de la violencia machista que también es parte del legado cubano del artista, como en 100% puro cubano, 2003.

 

Hay un símbolo adicional que aparece en repetidas ocasiones en sus cuadros, al igual que en los de Wifredo Lam. Éste es Elegguá, una deidad del panteón yoruba que pasó a la religión afrocubana. Representado en los cuadros de Luna por una cara en forma de media luna, el Elegguá es el guardián de las encrucijadas que abre la entrada de las oportunidades en la vida. Al Elegguá se le ve también como a un embaucador que exige reconocimiento con oraciones y dádivas y, por consiguiente, no debe ser ignorado. ¿Qué papel desempeña este símbolo en la pintura de Luna? ¿Es un homenaje a la cultura afrocubana? ¿Se identifica personalmente el artista con el personaje? Tal vez es simplemente un vínculo de importancia con las raíces cubanas del artista.

 

A los 39 años, Luna ha llegado a un momento decisivo de su carrera artística. Ha tenido éxito en establecer una identidad característica en su obra, que madura en su estilo y coherencia temática, como es evidente en El gran mambo, 2006, su obra más ambiciosa hasta la fecha [11]. Otras obras recientes dan indicios de su exploración en distintas direcciones. Por ejemplo Damas chinas muestra a dos figuras masculinas que al parecer están profundamente concentradas. Los dos personajes están vestidos de manera semejante con sombreros y trajes que parecen armaduras y sentados en sillas de bastidores rojos en los lados opuestos de un tablero de ajedrez de cuadros rojos y negros. El espacio pictórico aquí difiere de la mayoría de las composiciones de Luna, ya que, excepto por las dos figuras, consiste enteramente de formas geométricas planas. El tablero es también plano y visualmente paralelo al fondo sin ninguna concesión a su objetividad tridimensional. Mirando sobre el lado superior del tablero está el Elegguá, listo para observar o guiar los movimientos.

 

Los éxitos de Luna son notables si se miden por una creciente lista de becas, incluida una dotación de la Fundación Pollock-Krasner. En los últimos tres años él ha logrado también una creciente nómina de exposiciones individuales en museos, entre ellos el Museo de Arte Bass de Miami Beach; el Museo de la Universidad Americana, en Washington, D.C.; el Museo de Arte Latinoamericano, en Long Beach, California; el Museo de Arte de Fort Lauderdale y la feria internacional de arte contemporáneo, Art Santa Fe. Estos eventos, así como la representación en una lista cada vez más amplia de exposiciones colectivas y de colecciones privadas, muestra un creciente interés en la obra del artista. En la medida en que aumenta el interés general en el arte cubano, hay buenas razones para creer que la obra de Luna saldrá beneficiada.

 

Al presente, Luna enfrenta importantes retos y decisiones que configurarán su destino como artista. ¿Cómo afectará a su obra la evolución de su identidad como artista exiliado? ¿Seguirá conservando su identidad como artista cubano, o la creciente globalización del arte lo llevará por otros rumbos?  Dónde llevar el arte en el futuro, en lo que respecta a sostener su vitalidad y evitar la repetición y la caricatura, será tal vez el mayor desafío. Resultará decisivo el esfuerzo que haga por mantenerse concentrado en la estética y dejar que el futuro desarrollo de su arte surja de las nuevas ideas y evoluciones sin sucumbir a las presiones del mercado. Dicho en sus propias palabras: “la calidad es el factor más importante del arte. La norma debe ser arte de calidad que exprese el espíritu humano”[12].

 

[1] Max-Pol Fouchet, Wifredo Lam (Barcelona: Ediciones Polígrafa, S. A., 1976), pp. 118 – 137. Lowrey Stokes Sims, Wifredo Lam and the International Avant-Garde, 1923-1982 (Austin: University of Texas, 2002), pp. 19-26, 43.
[2] Jesús Rosado, “Carlos Luna: An Island for the Road,” Carlos Luna: Personal Histories. Exhibition Catalogue, Susquehanna Art Museum, Suzanne H. Arnold Art Gallery, Polk Museum of Art, 2007, 2008, p. 27.
[3] Carlos Luna, entrevista con Jesús Rosado, “The Bird of Paradise and Its Shadow: A Conversation with Carlos Luna,” Carlos Luna: El Gran Mambo (Long Beach, California: Museum of Latin American Art, 2008), p.68. En la misma entrevista, Luna cita a otros maestros mexicanos tales como Antonio Ruiz, El Corzo, José Luis Cuevas, Juan Soriano, Francisco Toledo, Irma Palacios y Miguel Cervantes como artistas de su interés.
[4] Véase Carlos Luna: Yo traigo de todo (Puebla, México: Museo Universitario, Universidad Autónoma de Puebla, 1998), p. 67. Véase también José Guadalupe Posada archives, Print 999-019-015, Center for Southwest Research, Special Collections, University of New Mexico. Internet.
[5] Véase Elisabeth Sussman, Keith Haring (Nueva York: Whitney Museum of American Art, 1997), pp. 33, 139, 124, 197, et al.
[6] Keith Haring, Keith Haring’s Journals (Nueva York: Viking Press, 1996), p. 13. Véase también Curtis L. Carter, “Keith Haring: Arte per Tutti (Art for the People)”, Keith Haring: Il Murale di Milwaukee (Milán: Skira, 2007), pp. 13-22.
[7] Jesús Rosado, “The Bird of Paradise and Its Shadow: A Conversation with Carlos Luna,” Carlos Luna: El Gran Mambo (Long Beach, California: Museum of Latin American Art, 2008), p. 67.
[8] John Dewey, Art as Experience (Nueva York: Capricorn Books, 1934, 1948), p. 3.
[9] Alejo Carpentier, El reino de este mundo, 1949.
[10] Pablo Picasso, Cock of Liberation, Collection of the Milwaukee Art Museum, Milwaukee, Wisconsin. (Título original de la obra en francés, que en español sería El gallo de la liberación).
[11] Véase Enrique García Gutiérrez, “Carlos Luna: Keep Your Eyes on Me,” Carlos Luna: El Gran Mambo (Long Beach, California: Museum of Latin American Art, 2008), pp. 13 – 19.
[12] Carlos Luna, entrevista con Curtis L. Carter, Long Beach, California, June 15, 2008.

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